domingo, 20 de noviembre de 2022

LOS CANTOS RODADOS (novela)

 




Con la entrada de las tropas de Napoleón en Guadix, el 16 de febrero de 1810, la vida de la familia Martínez se ve alterada ante la obligación de hospedar en su casa al sargento Jean Calmel. El amor que surge entre Pipa, la hija mayor, y el militar francés sobrevive en este ambiente convulso de la guerra. Durante la ocupación de la ciudad, la familia tiene que enfrentar las tensiones del conflicto y la tragedia final que llevará a la muchacha y a un hermano pequeño a vivir un destino incierto. Esta obra, basada en un hecho real, nos muestra el infierno de aquella contienda donde afloraron los instintos más bajos de la especie humana. Un infierno en el que también pudo germinar la flor del amor y la lucha pacífica que alienta a mujeres y hombres a ayudarse mutuamente.

Género: Historia / Historias reales


Entrevista de la editorial


SUCEDIÓ MAÑANA (libro de relatos)

 






Con el título Sucedió mañana, la autora nos presenta un libro de cuentos donde la historia y el tiempo se conjugan. En ellos encontraremos a personajes históricos y ficticios, envueltos en situaciones dispares, producto de la imaginación. El elemento fantástico está presente en cada uno de ellos, ese que distingue al cuento del relato. A través de ellos viajaremos a la Edad Antigua, el Medievo, el Renacimiento, el Romanticismo, el Siglo XIX, el siglo XX y el Futuro; con un par de cuentos de ciencia ficción.







lunes, 27 de junio de 2022

LA NOVELA DEL GRAMÁTICO, por Carmen Hernández Montalbán.

 


El sueño del gramático de Eva Díaz Pérez es una novela histórica ensamblada con las mejores mimbres. Tanto es así que el extraordinario acopio documental de la autora queda diluido de tal manera en la obra que nos parecerá que hemos entrado en otra época en un abrir y cerrar de ojos; en un abrir y cerrar de libro en cada sesión de lectura. Así, al comenzar la novela, quedamos atrapados por la voz en primera persona de Francisca, la supuesta hija del protagonista, Elio Antonio de Nebrija, autor de la primera gramática castellana. La historia comienza de una forma tan poética que ya nos avisa de la destreza de Díaz Pérez en las lides literarias: “Padre cazaba palabras como si fueran mariposas. Pobres de las que cayeran en su poder, porque las pinchaba con un alfiler en la pared y luego les abría el vientre para ver lo que había dentro”. La imagen resulta insólitamente descriptiva porque representa con mucho acierto la labor de un gramático, pues las palabras son volátiles, su vida a lo largo del tiempo es, a veces, efímera, ya que van evolucionando, modificándose, corrompiéndose con cada accidente en la historia de una lengua. Un gramático, muy bien podría ser un anatomista de palabras.

La autora utiliza un lenguaje sencillo, ajeno a pomposidades retóricas, pero cuidado y rico, siguiendo un tono acorde a la época en la que se ambienta la novela: una Europa en transición desde la Baja Edad Media hacia un período de esplendor, precedido de grandes descubrimientos e hitos históricos, como la invención de la imprenta, el descubrimiento de América o la caída del último bastión musulmán de la península: Granada; el resurgimiento del humanismo renacentista que en España tuvo insignes representantes, uno de ellos Antonio de Nebrija.

La historia del gramático se va desplegando a lo largo de la narración. Viajamos a los lugares donde transcurrió su vida: Roma, Bolonia, Venecia, Salamanca, Alcalá de Henares, Zalamea, Alcántara, Sevilla, etc. En cada uno de ellos la autora nos deleita con su destreza narrativa, con su capacidad para recrear el ambiente sensorial de cada ciudad, de cada lugar. Eva Díaz Pérez se ha preocupado en profundizar en cada detalle de la época: los usos y costumbres, la arquitectura, la gastronomía, los valores y prejuicios morales, la vida en las universidades, los avances científicos técnicos… Ha creado personajes adelantados a su tiempo configurando sus perfiles psicológicos.

Esta novela nos honra, pues homenajea a una de las figuras más relevantes del humanismo español en el quinto centenario de su muerte, el primer filólogo que se aventuró al estudio de una lengua romance. Es una obra bella e instructiva, escrita con inteligencia y notable talento literario. Por eso me ha atrapado desde las primeras páginas, dejando en mi memoria de lector ese poso indeleble para la reflexión, ese poso que deja la buena literatura.

Enhorabuena Eva.

domingo, 8 de mayo de 2022

REFLEJOS Y ESPEJOS, por Carmen Hernández Montalbán.

 


Ejemplares vivos a la luz de la luna me ha parecido una novela singular, también algo experimental en muchos aspectos, pues no sigue una trama lineal. Es un caleidoscopio de historias que van apareciendo y desapareciendo, convergen en un punto, en una idea o no; nacen y se apagan, como la luz de un prisma.

El espejo como metáfora es el elemento que unifica y da entidad a todas ellas. El espejo como objeto físico está presente en la novela con toda su simbología: como elemento mágico, misterioso, nos hace pensar a veces que el reflejo es una dimensión paralela a la realidad que refleja, susceptible de cobrar vida propia. Con frecuencia, el espejo se relaciona con el agua por su condición reflejante y pasiva; otras veces con la luna que, iluminada por los rayos del sol, nos hace creer que tiene luz propia.

Algunos de los personajes de esta novela, se ven reflejados en los espejos cóncavos de las apreciaciones de los demás o de las propias, las convenciones sociales y estos le devuelven una imagen deformada de la realidad, llevándoles a conductas perniciosas o grotescas. Se ven arrastrados por las sectas o por neurosis mentales autodestructivas. En otras historias se ven envueltos en triángulos eróticos en los que las amante oficia de espejo del deseo de los otros dos.  Personajes bíblicos y mitológicos como el de Narciso. El cine y la literatura son otra variedad alegórica de espejos personajes inspirados en otros históricos como el de la escritora ocultista y teósofa rusa conocida por Madame Bavatsky o Elena Petrovna. La propia autora entra en el juego de la novela y protagoniza, imbuida en el personaje de la viajera legendaria, Alexandra David-Néel, un periplo iniciático e imaginario por tierras tibetanas en el inicio de la pandemia del coronavirus.

Los sueños, las sombras, los hijos y los fantasmas, también reflejo y espejo de lo que somos o vivimos, están presentes en “Ejemplares vivos a la luz de la luna"; novela mixta en la que se puede apreciar la habilidad de la autora como cuentista.

Es un relato cargado de gran erudición, con una prosa cuidada, salpicada de imágenes poéticas, llena de reflexiones filosóficas. Nos invita a pensar, también a soñar, pues Josefina sabe transportarnos a otros lugares; la luz de sus palabras se proyecta en este libro como un juego de espejos ¿Qué es la literatura sino el reflejo de la imaginación, elaborado por el lenguaje?

Enhorabuena querida amiga.

miércoles, 27 de abril de 2022

“UN POSTER CON VERSOS DE NERUDA” DE JAVIER FRANCO, por Carmen Hernández Montalbán.

 


Un poster con versos de Neruda, nos presenta la intrahistoria de una década vivida por el propio autor, la de los años ochenta del siglo XX. Una memoria sentimental de una España que ya podía pintarse en color, al igual que la televisión, pues venía del negro de la dictadura y de toda la gama de grises de la transición. Una explosión de color durante la que se derrochó creatividad, energía y talento. La vivimos esa generación que veníamos de la EGB y de los últimos coletazos del franquismo, es decir, los que hoy estamos entre los cuarenta y tantos y los sesenta y pocos. Esa explosión de color se vio reflejada en la moda, en los primeros grafitis, en los cómics y hasta en las alucinaciones sicodélicas de la droga… Eran los años de los cardados, las hombreras, las ediciones de libros superventas, los primeros videojuegos, la revolución sexual, el destape… Eran años de optimismo, en los que pensábamos que todo era posible y que la vida era una fiesta continua, de profundos cambios sociales, como la normalización del divorcio, la independencia femenina, el resurgimiento de la actividad sindical, la creatividad publicitaria, causante del consumo desenfrenado, etc. Todo producto de una España que, ¡por fin!, se limpiaba las telarañas de la represión y la censura, que abría sus sentidos con avidez a nuevos horizontes (al menos eso creíamos…).

La novela, de claro corte biográfico, cuenta las andanzas de un grupo de jóvenes de la época. El protagonista es Frank; el narrador testigo, Javier, que oficia de evangelista de la novela y nos va relatando momentos de su vida y la de Frank, su amigo. Está estructurada en 33 capítulos intencionadamente; una estructura que obedece a la del evangelio de Cristo  Warholiano. En ella encontraremos momentos álgidos de la historia de nuestro país, como la muerte de Franco, el golpe de estado del 23F, el ingreso de España en la OTAN, etc. Cada capítulo se inicia con una cita de un filósofo, poeta, escritor o canción, las que él llama “Lecturas del día”. La narración es ágil; con numerosas imágenes poéticas, alusiones a obras literarias, a canciones de la época, a filósofos y políticos. Sus personajes son reales, inspirados muchos de ellos por amigos o personas de la vida del autor. Quienes le conocemos sabemos reconocerlos. Es una novela entrañable, entretenida y bien escrita que seguro que vais a disfrutar.

lunes, 22 de noviembre de 2021

DE LA HISTORIA COMO CREACIÓN, por Miguel Arnas Coronado

 



Tal vez sea achacable mi gusto por las estructuras a mis estudios de ingeniería. Ejercí el oficio durante unos cortos años y me quedó ese placer de ver cómo armonizan unos elementos con otros en las máquinas, en la música y en las obras literarias. Hay libros de cuentos que son aluvión, amalgama de diferentes narraciones: carecen de estructura. El placer de leer, que siempre es creativo, lo mismo que el de escuchar música (los antiguos griegos pensaban que la mayor creatividad musical se da en el oyente, a continuación, el intérprete y, por último, en el compositor), se duplica cuando además de sentir en lo hondo las historias de cada cuento, se puede degustar la estructura que los une, que los armoniza. Hablando de griegos, la palabra armonía, antes de referirse a la música, hacía alusión al ensamblaje, a la unión de elementos que forma un artefacto que debe ser estable y duradero: por ejemplo, un barco, una casa, una prensa de aceite o de vino. Llamará la atención que en un puente, una grúa o en las jácenas de las naves industriales, las diferentes vigas o tensores que integran la celosía-estructura formen entre sí triángulos. El triángulo es la figura geométrica más estable, menos deformable. Así, el puente, la grúa, la jácena, obtienen virtudes que deben tener: estabilidad y ligereza; sin contar con que son relativamente rápidas de soldar y precisas en su cometido. Curiosamente, la  ligereza o levedad, así como la rapidez y la exactitud, son tres de las propuestas que hacía Italo Calvino para la literatura del próximo milenio, es decir de este, el que en su cifra lleva un 2 delante. Todo este prolegómeno, ¿para qué es?, ¿se trata solo de alabar la estructura, la armonía de este “cuentario” (si de poema, poemario, y de anécdota, anecdotario, pues ya saben) de Carmen Hernández Montalbán? Pues sí, de eso se trata. Deberé hablar, así, de la estructura que tanto me ha gustado en este libro. Esta, o la llamaremos también armonía, ensamblaje, es la Historia desde la historia, es decir, la Historia de los historiadores, dejada caer hasta la infrahistoria, palabra tan querida por Unamuno y que señala esa historia pequeña, la que les ocurre a los diminutos personajes que somos nosotros, sí, tú, lector (a no ser que seas político o millonario), yo, prologuista, y Carmen Hernández, que somos más víctimas o beneficiarios de la Historia que protagonistas de ella, aunque en cierta forma, también lo seamos. La historia y el tiempo. Y aquí el tiempo no es el de los relojes ni el de los calendarios, sino un tiempo real a pesar de que nos guste llamarlo onírico, tan racionalistas somos. A fin de cuentas, lo real a menudo da saltos, discontinuidades, el tiempo real se enfrenta a abismos o a altísimas montañas, se desliza por toboganes o se empina en cuestas que parecen no acabar nunca. Ese tiempo es el de Hernández Montalbán. Bien, ya tenemos un par de ideas sobre el funcionamiento, ensamblaje, armonía o estructura de este libro de cuentos: la Historia y el tiempo. Parecen la misma cosa, pero no lo son. Ya he dicho que el tiempo es volatinero en la autora. Si el primer cuento se sitúa en el Medievo, el segundo tiene por protagonista a Fray Hernando de Talavera en la Granada de finales del siglo XV, principios del XVI, en tanto el tercero habla de San Torcuato durante la romanización de Hispania y el cuarto narra acontecimientos míticos en la Esparta clásica. A partir de ahí sí hay una progresión en el tiempo hasta llegar al nuestro, y aun los tres últimos son ciencia ficción o futuro predecible. El desorden es, por supuesto, aparente.

De una forma u otra, todas las narraciones nos hablan del poder, ese mal humano que se extiende por toda nuestra Historia. La crítica al poder, también a ese poder patriarcal que urde la situación femenina, sin entrar en ningún caso en panfletismo ni en sermoneo, es otra característica de este libro. Porque la crítica se ejerce mejor señalando que manipulando, a no ser que se esté en posesión y certidumbre de alternativas.

El estilo es claro, transparente, no facilón. No trata de adaptarse a los diferentes niveles de español que se hablaba en las diversas épocas de las que trata. Sobre todo porque ¿qué lenguaje se utilizará en un futuro? Ni se sabe, por supuesto. De modo que en esos tres últimos cuentos futuristas no cabría lenguaje alguno. Sin embargo, es cuidado, mimado como debe ser en la buena literatura. Hay fábulas narradas en primera persona, otras en tercera, las de más allá son especie de monólogo interior: según la necesidad de cada cuento. Así procede Carmen Hernández.

Ya mostró ella habilidad en aquella novela, Memorias de la cautiva, en la que trataba de modo ficcional a Antonio Mira de Amescua, el dramaturgo accitano del XVII. Aquí también utiliza personajes reales a los que adorna con eventos inventados pero verosímiles. Esto de incrustar personas que existieron en la ficción o incluso de tomarlos como protagonistas es tendencia que siempre ha estado en boga; a fin de cuentas, Homero o Shakespeare ya lo hicieron. No forzosamente tales obras han de ser novela histórica. A menudo son, simplemente, novelas, dramas o cuentos sin más. Literatura, vamos. Pero es atractivo eso de atribuirles pensamientos o anécdotas a personalidades de las cuales el lector ya tiene idea previa porque la función primordial del literato es engañar, engatusar, seducir. Y Carmen lo hace, ya digo, con gran habilidad. Desde ese fray Hernando de Talavera en plática con el rey Fernando, el cual habla desde el poder, en Porque Dios lo manda, pasando por Simonetta Vespucci, adorada, más que amada, por Botticelli, en La bella Simonetta, hasta llegar a Nikola Tesla, protagonista de Hijo de la luz, o a Julian Assange, que lo es de Fuga espacio-temporal, sin olvidar, claro está, a san Torcuato, patrón de Guadix, esa ciudad a la que Carmen, creo yo, ama, en La profecía, ni a Teletusa y Ligdo, entresacados de la mitología, personajes de Ifis y Yante.También hay, por descontado, cuentos en los que acción y protagonistas son absolutamente inventados, es decir personajes de esa infrahistoria de la que hablaba antes, como el primero, El espíritu de los frailes, donde el éxito de la elaboración de un vino está a punto de causar, por falsa acusación de brujería, la condena de un buen número de mujeres y frailes, el titulado El invernadero, historia de asesinos en serie y nada reales, o el muy tierno y casi sentimental Un paseo por el cementerio, por cierto, también ambientado en Guadix.

¿Tiene una mujer, obligadamente, que tratar el asunto de la mujer? No. En mi opinión, no. Obligadamente, no. Lo tratará como persona, y así lo hace Carmen Hernández Montalbán. También ella entiende el problema, como yo lo entiendo, desde la ofensa que representa el ejercicio del poder (no de la autoridad, no es lo mismo). Así ocurre en La huida, El ladrón de palabras, Tierra de alumbre y en el bellísimo y muy espartano ya citado Ifis y Yante. ¿Para qué extenderme más? Ustedes lo verán y lo disfrutarán. Empecé este prólogo hablando de mí mismo, aberración que debí evitar pues la estrella de un prólogo no es el prologuista sino el autor, pero no quise hacerlo. Acabo de idéntica forma, hablando de mí: lo he gozado, lo he saboreado y me ha deleitado su melodía. Pues este libro se saborea, se goza, pero prueben ustedes a leer algún párrafo en voz alta, como se leía antiguamente: notarán la armonía sonora, la música, su belleza con el oído, esa facultad que, junto a la vista, son las más importantes y místicas de nuestro cuerpo y competencia. Como a mí me ha sucedido.