Confieso
con rubor que de Juan Carlos Friebe sólo había leído poemas sueltos integrados
en varias antologías. La sorpresa me llega cuando leo su obra “Mariana Pineda a
muerte”. El título, desde el principio, atrae por su vinculación a una historia
que en su día hizo temblar los cimientos sociales de Granada, la historia del
ajusticiamiento y ejecución de una mujer en los albores del siglo XIX. El título
ya para mí vibraba en doble sentido: Mariana Pineda es conducida al cadalso y
por otro, aunque le falten los signos de admiración, ¡Mariana Pineda a muerte!;
es decir: el pueblo con Mariana Pineda hasta el final..., el poeta con Mariana.
Mucha
tinta ha corrido sobre el caso de esta mujer acusada de revolucionaria liberal,
numerosas obras literarias se han inspirado en el proceso, pongamos por ejemplo
el texto dramático del magnífico poeta, Antonio Carvajal “Mariana en sombras”, numerosos
romances y coplillas se han quedado flotando en el imaginario popular granadino,
pero hete aquí una obra soberbia ha salido recientemente a la luz, la de
Friebe.
El
poeta ha bordado con palabras una crónica legendaria. Y digo bordar, no coser,
porque el bordado es una labor artística minuciosa que requiere una atención
constante y presente. Friebe conoce la historia de Mariana, no hay duda, pues los
romances dejan aflorar un trabajo de investigación política y social ingente;
una investigación de la que él se sirve, no para ilustrar sino para crear, pues
queda marcada por las puntadas de la aguja de su lírica deslumbrante y
reveladora.
El
libro no se lee, se devora. Friebe ha elegido con acierto la métrica del
pueblo, el romance, para contarnos la historia, no podía ser de otra manera. Su
lenguaje, despojado de trabas formales que entorpezcan su lectura, está cuajado
de imágenes literarias, de filigranas que retratan a los personajes, dotan de
doble sentido e ironía la descripción de una sociedad sometida a los resortes
del poder; un tema de plena actualidad por desgracia.
Mariana
Pineda a muerte no es sólo una denuncia a una justicia que sólo sirve a
aquellos que la vulneran, es un canto a la libertad, es un texto de una calidad
literaria intrínseca, de una belleza y originalidad que sólo puede salir de la
mente y el corazón de un gran poeta que hila fino y bien, Juan Carlos Friebe.
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