domingo, 20 de noviembre de 2022
SUCEDIÓ MAÑANA (libro de relatos)
lunes, 27 de junio de 2022
LA NOVELA DEL GRAMÁTICO, por Carmen Hernández Montalbán.
El sueño del gramático de Eva Díaz Pérez es una novela histórica ensamblada con las mejores mimbres. Tanto es así que el extraordinario acopio documental de la autora queda diluido de tal manera en la obra que nos parecerá que hemos entrado en otra época en un abrir y cerrar de ojos; en un abrir y cerrar de libro en cada sesión de lectura. Así, al comenzar la novela, quedamos atrapados por la voz en primera persona de Francisca, la supuesta hija del protagonista, Elio Antonio de Nebrija, autor de la primera gramática castellana. La historia comienza de una forma tan poética que ya nos avisa de la destreza de Díaz Pérez en las lides literarias: “Padre cazaba palabras como si fueran mariposas. Pobres de las que cayeran en su poder, porque las pinchaba con un alfiler en la pared y luego les abría el vientre para ver lo que había dentro”. La imagen resulta insólitamente descriptiva porque representa con mucho acierto la labor de un gramático, pues las palabras son volátiles, su vida a lo largo del tiempo es, a veces, efímera, ya que van evolucionando, modificándose, corrompiéndose con cada accidente en la historia de una lengua. Un gramático, muy bien podría ser un anatomista de palabras.
La autora
utiliza un lenguaje sencillo, ajeno a pomposidades retóricas, pero cuidado y
rico, siguiendo un tono acorde a la época en la que se ambienta la novela: una
Europa en transición desde la Baja Edad Media hacia un período de esplendor,
precedido de grandes descubrimientos e hitos históricos, como la invención de
la imprenta, el descubrimiento de América o la caída del último bastión
musulmán de la península: Granada; el resurgimiento del humanismo renacentista
que en España tuvo insignes representantes, uno de ellos Antonio de Nebrija.
La historia del
gramático se va desplegando a lo largo de la narración. Viajamos a los lugares
donde transcurrió su vida: Roma, Bolonia, Venecia, Salamanca, Alcalá de
Henares, Zalamea, Alcántara, Sevilla, etc. En cada uno de ellos la autora nos
deleita con su destreza narrativa, con su capacidad para recrear el ambiente sensorial
de cada ciudad, de cada lugar. Eva Díaz Pérez se ha preocupado en profundizar en
cada detalle de la época: los usos y costumbres, la arquitectura, la
gastronomía, los valores y prejuicios morales, la vida en las universidades,
los avances científicos técnicos… Ha creado personajes adelantados a su tiempo
configurando sus perfiles psicológicos.
Esta novela nos
honra, pues homenajea a una de las figuras más relevantes del humanismo español
en el quinto centenario de su muerte, el primer filólogo que se aventuró al
estudio de una lengua romance. Es una obra bella e instructiva, escrita con
inteligencia y notable talento literario. Por eso me ha atrapado desde las
primeras páginas, dejando en mi memoria de lector ese poso indeleble para la
reflexión, ese poso que deja la buena literatura.
Enhorabuena Eva.
domingo, 8 de mayo de 2022
REFLEJOS Y ESPEJOS, por Carmen Hernández Montalbán.
Ejemplares vivos a la luz de la luna me ha parecido una novela singular, también algo
experimental en muchos aspectos, pues no sigue una trama lineal. Es un
caleidoscopio de historias que van apareciendo y desapareciendo, convergen en
un punto, en una idea o no; nacen y se apagan, como la luz de un prisma.
El espejo como metáfora es el
elemento que unifica y da entidad a todas ellas. El espejo como objeto físico
está presente en la novela con toda su simbología: como elemento mágico,
misterioso, nos hace pensar a veces que el reflejo es una dimensión paralela a
la realidad que refleja, susceptible de cobrar vida propia. Con frecuencia, el
espejo se relaciona con el agua por su condición reflejante y pasiva; otras
veces con la luna que, iluminada por los rayos del sol, nos hace creer que
tiene luz propia.
Algunos de los personajes de esta
novela, se ven reflejados en los espejos cóncavos de las apreciaciones de los
demás o de las propias, las convenciones sociales y estos le devuelven una
imagen deformada de la realidad, llevándoles a conductas perniciosas o
grotescas. Se ven arrastrados por las sectas o por neurosis mentales
autodestructivas. En otras historias se ven envueltos en triángulos eróticos en
los que las amante oficia de espejo del deseo de los otros dos. Personajes bíblicos y mitológicos como el de
Narciso. El cine y la literatura son otra variedad alegórica de espejos
personajes inspirados en otros históricos como el de la escritora ocultista y
teósofa rusa conocida por Madame Bavatsky o Elena Petrovna. La propia autora
entra en el juego de la novela y protagoniza, imbuida en el personaje de la
viajera legendaria, Alexandra David-Néel, un periplo iniciático e imaginario
por tierras tibetanas en el inicio de la pandemia del coronavirus.
Los sueños, las sombras, los hijos y
los fantasmas, también reflejo y espejo de lo que somos o vivimos, están
presentes en “Ejemplares vivos a la luz de la luna"; novela mixta en la que se
puede apreciar la habilidad de la autora como cuentista.
Es un relato cargado de gran
erudición, con una prosa cuidada, salpicada de imágenes poéticas, llena de
reflexiones filosóficas. Nos invita a pensar, también a soñar, pues Josefina
sabe transportarnos a otros lugares; la luz de sus palabras se proyecta en este
libro como un juego de espejos ¿Qué es la literatura sino el reflejo de la
imaginación, elaborado por el lenguaje?
Enhorabuena querida amiga.
miércoles, 27 de abril de 2022
“UN POSTER CON VERSOS DE NERUDA” DE JAVIER FRANCO, por Carmen Hernández Montalbán.
Un poster con versos de Neruda, nos presenta la intrahistoria de una década vivida por el propio autor, la de los años ochenta del siglo XX. Una memoria sentimental de una España que ya podía pintarse en color, al igual que la televisión, pues venía del negro de la dictadura y de toda la gama de grises de la transición. Una explosión de color durante la que se derrochó creatividad, energía y talento. La vivimos esa generación que veníamos de la EGB y de los últimos coletazos del franquismo, es decir, los que hoy estamos entre los cuarenta y tantos y los sesenta y pocos. Esa explosión de color se vio reflejada en la moda, en los primeros grafitis, en los cómics y hasta en las alucinaciones sicodélicas de la droga… Eran los años de los cardados, las hombreras, las ediciones de libros superventas, los primeros videojuegos, la revolución sexual, el destape… Eran años de optimismo, en los que pensábamos que todo era posible y que la vida era una fiesta continua, de profundos cambios sociales, como la normalización del divorcio, la independencia femenina, el resurgimiento de la actividad sindical, la creatividad publicitaria, causante del consumo desenfrenado, etc. Todo producto de una España que, ¡por fin!, se limpiaba las telarañas de la represión y la censura, que abría sus sentidos con avidez a nuevos horizontes (al menos eso creíamos…).
La novela, de claro corte biográfico,
cuenta las andanzas de un grupo de jóvenes de la época. El protagonista es
Frank; el narrador testigo, Javier, que oficia de evangelista de la novela y
nos va relatando momentos de su vida y la de Frank, su amigo. Está estructurada
en 33 capítulos intencionadamente; una estructura que obedece a la del evangelio de Cristo Warholiano. En ella encontraremos momentos álgidos de la historia de
nuestro país, como la muerte de Franco, el golpe de estado del 23F, el ingreso
de España en la OTAN, etc. Cada capítulo se inicia con una cita de un filósofo,
poeta, escritor o canción, las que él llama “Lecturas del día”. La narración es
ágil; con numerosas imágenes poéticas, alusiones a obras literarias, a
canciones de la época, a filósofos y políticos. Sus personajes son reales,
inspirados muchos de ellos por amigos o personas de la vida del autor. Quienes
le conocemos sabemos reconocerlos. Es una novela entrañable, entretenida y bien
escrita que seguro que vais a disfrutar.
lunes, 22 de noviembre de 2021
DE LA HISTORIA COMO CREACIÓN, por Miguel Arnas Coronado
Tal vez sea
achacable mi gusto por las estructuras a mis estudios de ingeniería. Ejercí el
oficio durante unos cortos años y me quedó ese placer de ver cómo armonizan
unos elementos con otros en las máquinas, en la música y en las obras
literarias. Hay libros de cuentos que son aluvión, amalgama de diferentes
narraciones: carecen de estructura. El placer de leer, que siempre es creativo,
lo mismo que el de escuchar música (los antiguos griegos pensaban que la mayor
creatividad musical se da en el oyente, a continuación, el intérprete y, por
último, en el compositor), se duplica cuando además de sentir en lo hondo las
historias de cada cuento, se puede degustar la estructura que los une, que los
armoniza. Hablando de griegos, la palabra armonía, antes de referirse a la
música, hacía alusión al ensamblaje, a la unión de elementos que forma un
artefacto que debe ser estable y duradero: por ejemplo, un barco, una casa, una
prensa de aceite o de vino. Llamará la atención que en un puente, una grúa o en
las jácenas de las naves industriales, las diferentes vigas o tensores que
integran la celosía-estructura formen entre sí triángulos. El triángulo es la
figura geométrica más estable, menos deformable. Así, el puente, la grúa, la
jácena, obtienen virtudes que deben tener: estabilidad y ligereza; sin contar
con que son relativamente rápidas de soldar y precisas en su cometido.
Curiosamente, la ligereza o levedad, así
como la rapidez y la exactitud, son tres de las propuestas que hacía Italo
Calvino para la literatura del próximo milenio, es decir de este, el que en su
cifra lleva un 2 delante. Todo este prolegómeno, ¿para qué es?, ¿se trata solo
de alabar la estructura, la armonía de este “cuentario” (si de poema, poemario,
y de anécdota, anecdotario, pues ya saben) de Carmen Hernández Montalbán? Pues
sí, de eso se trata. Deberé hablar, así, de la estructura que tanto me ha
gustado en este libro. Esta, o la llamaremos también armonía, ensamblaje, es la
Historia desde la historia, es decir, la Historia de los historiadores, dejada
caer hasta la infrahistoria, palabra tan querida por Unamuno y que señala esa
historia pequeña, la que les ocurre a los diminutos personajes que somos
nosotros, sí, tú, lector (a no ser que seas político o millonario), yo,
prologuista, y Carmen Hernández, que somos más víctimas o beneficiarios de la
Historia que protagonistas de ella, aunque en cierta forma, también lo seamos.
La historia y el tiempo. Y aquí el tiempo no es el de los relojes ni el de los
calendarios, sino un tiempo real a pesar de que nos guste llamarlo onírico, tan
racionalistas somos. A fin de cuentas, lo real a menudo da saltos,
discontinuidades, el tiempo real se enfrenta a abismos o a altísimas montañas,
se desliza por toboganes o se empina en cuestas que parecen no acabar nunca.
Ese tiempo es el de Hernández Montalbán. Bien, ya tenemos un par de ideas sobre
el funcionamiento, ensamblaje, armonía o estructura de este libro de cuentos:
la Historia y el tiempo. Parecen la misma cosa, pero no lo son. Ya he dicho que
el tiempo es volatinero en la autora. Si el primer cuento se sitúa en el
Medievo, el segundo tiene por protagonista a Fray Hernando de Talavera en la
Granada de finales del siglo XV, principios del XVI, en tanto el tercero habla
de San Torcuato durante la romanización de Hispania y el cuarto narra
acontecimientos míticos en la Esparta clásica. A partir de ahí sí hay una
progresión en el tiempo hasta llegar al nuestro, y aun los tres últimos son
ciencia ficción o futuro predecible. El desorden es, por supuesto, aparente.
De una forma u
otra, todas las narraciones nos hablan del poder, ese mal humano que se
extiende por toda nuestra Historia. La crítica al poder, también a ese poder
patriarcal que urde la situación femenina, sin entrar en ningún caso en
panfletismo ni en sermoneo, es otra característica de este libro. Porque la
crítica se ejerce mejor señalando que manipulando, a no ser que se esté en
posesión y certidumbre de alternativas.
El estilo es
claro, transparente, no facilón. No trata de adaptarse a los diferentes niveles
de español que se hablaba en las diversas épocas de las que trata. Sobre todo
porque ¿qué lenguaje se utilizará en un futuro? Ni se sabe, por supuesto. De
modo que en esos tres últimos cuentos futuristas no cabría lenguaje alguno. Sin
embargo, es cuidado, mimado como debe ser en la buena literatura. Hay fábulas
narradas en primera persona, otras en tercera, las de más allá son especie de
monólogo interior: según la necesidad de cada cuento. Así procede Carmen
Hernández.
Ya mostró ella
habilidad en aquella novela, Memorias de la cautiva, en la que trataba de modo
ficcional a Antonio Mira de Amescua, el dramaturgo accitano del XVII. Aquí
también utiliza personajes reales a los que adorna con eventos inventados pero
verosímiles. Esto de incrustar personas que existieron en la ficción o incluso
de tomarlos como protagonistas es tendencia que siempre ha estado en boga; a
fin de cuentas, Homero o Shakespeare ya lo hicieron. No forzosamente tales
obras han de ser novela histórica. A menudo son, simplemente, novelas, dramas o
cuentos sin más. Literatura, vamos. Pero es atractivo eso de atribuirles
pensamientos o anécdotas a personalidades de las cuales el lector ya tiene idea
previa porque la función primordial del literato es engañar, engatusar,
seducir. Y Carmen lo hace, ya digo, con gran habilidad. Desde ese fray Hernando
de Talavera en plática con el rey Fernando, el cual habla desde el poder, en
Porque Dios lo manda, pasando por Simonetta Vespucci, adorada, más que amada, por
Botticelli, en La bella Simonetta, hasta llegar a Nikola Tesla, protagonista de
Hijo de la luz, o a Julian Assange, que lo es de Fuga espacio-temporal, sin
olvidar, claro está, a san Torcuato, patrón de Guadix, esa ciudad a la que
Carmen, creo yo, ama, en La profecía, ni a Teletusa y Ligdo, entresacados de la
mitología, personajes de Ifis y Yante.También hay, por descontado, cuentos en
los que acción y protagonistas son absolutamente inventados, es decir
personajes de esa infrahistoria de la que hablaba antes, como el primero, El
espíritu de los frailes, donde el éxito de la elaboración de un vino está a
punto de causar, por falsa acusación de brujería, la condena de un buen número
de mujeres y frailes, el titulado El invernadero, historia de asesinos en serie
y nada reales, o el muy tierno y casi sentimental Un paseo por el cementerio,
por cierto, también ambientado en Guadix.
¿Tiene una
mujer, obligadamente, que tratar el asunto de la mujer? No. En mi opinión, no.
Obligadamente, no. Lo tratará como persona, y así lo hace Carmen Hernández
Montalbán. También ella entiende el problema, como yo lo entiendo, desde la
ofensa que representa el ejercicio del poder (no de la autoridad, no es lo
mismo). Así ocurre en La huida, El ladrón de palabras, Tierra de alumbre y en el
bellísimo y muy espartano ya citado Ifis y Yante. ¿Para qué extenderme más?
Ustedes lo verán y lo disfrutarán. Empecé este prólogo hablando de mí mismo, aberración
que debí evitar pues la estrella de un prólogo no es el prologuista sino el
autor, pero no quise hacerlo. Acabo de idéntica forma, hablando de mí: lo he
gozado, lo he saboreado y me ha deleitado su melodía. Pues este libro se
saborea, se goza, pero prueben ustedes a leer algún párrafo en voz alta, como
se leía antiguamente: notarán la armonía sonora, la música, su belleza con el oído,
esa facultad que, junto a la vista, son las más importantes y místicas de
nuestro cuerpo y competencia. Como a mí me ha sucedido.
miércoles, 8 de septiembre de 2021
miércoles, 14 de abril de 2021
FACE RETAMA, LUGAR LEGENDARIO QUE INSPIRA UNA NOVELA, por Carmen Hernández Montalbán.
El alma apacible de Face Retama es
una novela histórica ambientada en el Guadix de la Reconquista. Los
protagonistas, ambos llamados Ibrahim, juegan un papel clave en el tránsito de
la ciudad musulmana a la cristiana de finales del siglo XV. El autor construye
de forma magistral las personalidades de estas dos figuras históricas, tan
controvertidas como dispares. Ibrahim el Gerbí, un santón originario de la isla
tunecina de Yerba que llevaba una vida eremita en Guadix, perpetra un atentado
contra los Reyes Católicos durante el asedio de la ciudad de Málaga. Finalmente
el atentado queda frustrado y el Gerbí es ejecutado. Por otro lado, Ibrahim
Abenzeyte, secretario del Zagal, patriarca de la familia morisca
colaboracionista Valle de Palacios, que recibieron mercedes en el reparto de la
ciudad, hace de mediador entre las dos culturas, la musulmana y la cristiana,
valiéndose de sus dotes como diplomático. Ambos personajes, a pesar de sus
diferencias y puntos de vista antagónicos, entablan una relación de amistad
sincera. Los retrata, Amezcua, a través de sus descripciones y, especialmente,
a través de sus diálogos e interacciones con el resto de personajes, donde se desvelan
los rasgos psicológicos de los dos Ibrahim, con gran destreza.
Otro gran acierto del autor es el
tono de la narración; de principio a fin consigue envolver al lector, emulando
el castellano de la época. Para ello utiliza el narrador en primera persona; es
el mismo Ibrahim Abenceyte el que nos habla recordando los acontecimientos. Las
descripciones del ambiente, en las que abundan los matices líricos, consiguen
recrear el Guadix del siglo XV, dotando a la historia de veracidad y viveza.
No son muchos los personajes que
intervienen en la trama; cabalmente, aquellos que tuvieron un papel relevante
en los acontecimientos históricos: los reyes, Isabel y Fernando; los últimos
soberanos de la dinastía Nazarí: Muley Hacen, su hermano El Zagal, su primera
esposa, la reina Aixa y su hijo Boabdil, conocido como “Rey chico”, además del
primer prelado que pontificó en la ciudad tras ser reconquistada: Fray García
de Quijada. Amezcua consigue con pocas
pinceladas retratar sus caracteres.
Son las conversaciones más sinceras,
las de los dos Ibrahim y la de Ibrahim Abenceyte con el Obispo Quijada, las que
se entablan en el lugar clave que justifica el título de la novela: “Face
Retama”. Es en esta planicie de paisaje semidesértico donde se asienta el
santuario romano vinculado a la vida del primer obispo de la cristiandad en la
Península Ibérica, San Torcuato y un asentamiento andalusí de los siglos X y
XI. En este emplazamiento, cuyas vertientes van a dar al río Fardes y su vega,
existe un eremitorio singular de cuevas escavadas en la roca. Quienes lo hemos
visitado, coincidimos en que el lugar inspira una paz insólita muy propicia
para la meditación y la oración.
Manuel Amezcua Morillas ha escrito
una novela entrañable, de gran interés, no sólo para los que somos de Guadix y
Comarca o vivimos aquí, sino para todos los lectores que se interesen por la
historia del Reino de Granada. Recomendable en estos próximos días en los que
se celebra el Día del Libro.
Guadix, 14 de abril de 2021.





